Hoy no diré nada, porque ya estoy harta de que mis ojos rieguen el suelo.
Hoy no dirá nada, porque ya comprobé apelando al logos mis puntos de vista.
Hoy no diré nada, porque creo que relativizando me salen mejor las cosas.
Hoy no diré nada, aunque la conciencia esté aterrada.
Hoy no diré nada, aunque la muerte, con sus cuencas macabras, esté detrás con cara de perra.
Hoy no diré nada, porque dejó de importar.
Hoy no diré nada...
No diré nada. No.
No diré nada hasta que le importe a alguien lo que tengo que decir.